Cuando estoy en un evento, siento que formo parte de algo mucho más grande. Es como si cada momento fuera una escena que merece ser inmortalizada. La energía, las risas, las emociones a flor de piel… todo tiene un aire de grandeza. Me encanta capturar esos instantes fugaces, las miradas cómplices, los gestos espontáneos que cuentan una historia sin necesidad de palabras. Con mi cámara en mano, siento que cada clic es una forma de detener el tiempo, de guardar para siempre la magia que envuelve a las personas en esos momentos especiales. Es un privilegio poder ver y contar el mundo a través de imágenes que hablan por sí solas.
«Lo más importante no es la cámara, sino el ojo.»
– Alfred Eisenstaedt


